domingo, 27 de marzo de 2011


EL CUERPO Y LA LITURGIA

Participación activa:

En el vaticano II, al igual que en el catecismo de la Iglesia católica, se invita a todo el pueblo de Dios a participar de lleno de la liturgia. Ahora se debe tener en cuenta que la acción litúrgica es un acto por antonomasia, es la oratio, es esa gran plegaria que constituye el núcleo de la Eucaristía; por tanto, no debemos olvidar que la palabra humana se dirige a Dios, allí que se insista en el sentido que tiene la oración para nuestra formación, puesto que ello es un encuentro íntimo con Dios. Dentro de la acción litúrgica no debemos perder de vista el elemento central, es decir, esa anáfora Eucarística, que se nos muestra en el momento que el sacerdote pone en sus labios las palabras del señor, o sea ese canon que es action. Y al designar la Eucaristía como oratio, se cambia toda esa mentalidad para los paganos e intelectuales que encuentran una respuesta al darse cuenta que no era necesario el sacrificar animales, sino que ahora el ofrecimiento será la palabra y el sacrificio. Todo lo existente y nosotros como creación que somos, estaremos siempre esperando la actuación de Dios, quien se verifica a través de la acción de los hombres, como en la Eucaristía, Dios se vale de un hombre para convertir ese pan en su cuerpo y el vino en su sangre; por tanto debemos ver en la figura de los hombres que Dios escoge la figura del mismo Dios quien se quiere dar a través de él. Con todo lo anterior no se puede desconocer que en la liturgia cristiana es Dios mismo quien actúa tanto que se hace accesible para llegar a una comunión personal con él. Y es gracias al sacramento que nuestra oración y diálogo con Jesucristo, núcleo de nuestra oración, puede ser efectiva y es sin duda alguna escuchada por él, enfatizando así en el verdadero valor que tienen los sacramentos en nosotros como personas que vivimos como cristianos. Ahora en cuanto a la unión de ese Dios con nosotros, se busca sólo una cosa, que se dé una sola acción, es decir, la de nosotros con él y la él con nosotros, para poder llegar a ser con él un solo cuerpo y un solo espíritu. Y ya mirando otro punto de vista en cuanto a la acción litúrgica, se debe no caer en el error de realizar las acciones exteriores y perder el verdadero sentido que tiene la acción esencial dentro de la celebración que es la oratio; entonces sabiendo del peligro en que se puede caer, no se debe multiplicar esas acciones artificiales, ya que nuestra celebración tomaría un tinte como de teodrama y se podría ver o convertir en una simple parodia y no realmente como quiere que la vea el señor. Todo esos errores que comentos consiente o inconscientemente nos lleva a preguntarnos sobre qué es lo más importante en la liturgia, porque en ocasiones nos quedamos sólo en las acciones exteriores y le quitamos el valor que requiere lo esencial. Y siguiendo con lo esencial no podemos perder o desconocer la figura del resucitado, que se nos entrega como corporeidad verdadera bajo los signos del pan y del vino, por ello podemos decir que vivimos para el logos en la corporeidad de nuestra existencia cotidiana. Retomando las acciones litúrgicas, se debe anotar que allí es Dios el que siempre actúa, por ello la insistencia en la importancia de hacer siempre la voluntad de Dios, tratar de no ir en contra de sus mandatos, porque ahí está el cielo y la tierra se convierte en el paraíso. Siguiendo ese camino cristiano no debemos obviar que para adquirir una comunión perfecta con Dios, debemos vivir la encarnación y también transformar nuestra voluntad, cambiando nuestro estilo de vida que no van con lo que Dios nos propone y seguir ese camino de fe que nos conduzca a la autentica felicidad.


La señal de la cruz


Esa realización de la cruz es y seguirá siendo ese gesto característico del cristiano, es una expresión corporal que representa el aceptar a Cristo, como el que sufrió por nosotros y todo lo gobierna. Esta señal no es más que una confesión de la fe. Cuando la hago en mí doy fe de creer en el que murió, pero que resucitó. La realización de esa cruz nos coloca bajo la protección y nos ayuda en las dificultades y nos guía en el caminar diario. Por tanto, el trazar la señal de la cruz es una reactualización logrando así que Dios deje de ser desconocido para nosotros y él a nosotros nos dé un nombre. Por tanto, la realización de la señal de la cruz nos vincula a la confesión en Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo; y es aquí donde se halla contenido el ser entero del cristianismo. La ejecución de muchas investigaciones da evidencia de la utilización d este signo, y de esto algo nos muestra también el libro de Ezequiel 9,4 ss, en el que Dios manda a su mensajero pasar por Jerusalén y escribir la palabra “tau” en la frente de los acongojados y los que sufrían. Es interesante toda esa reflexión teológica que el texto nos muestra en cuanto al preanuncio que se nos muestra en el Antiguo Testamento sobre el signo salvífico en forma de cruz, que será después esa cruz que cargará Jesucristo para salvarnos y perdonar nuestros pecados. Después de los aportes recibidos sobre el signo salvífico de algunos filósofos y personas interesadas en el tema, aparece la figura de san Justino, quien relacionó una visión de Plantón, en la que se dibujaba la cruz sobre el cosmos con el Dios trino y su acción salvífica en Jesucristo. Ahora esa cruz alzada en el Gólgota es proyectó en la misma estructura del cosmos, ya que el cosmos nos habla de la cruz y de algún modo esa cruz descifra el misterio del cosmos; con todo lo anterior se nos indica sin duda una clave de intelección de toda la realidad. Los santos padres de la Iglesia, desde Justino, argumentan teológicamente sobre toda esa profecía de la cruz, cada uno desde su punto de vista, pero todos centrado en el gran misterio que esas profecías tenían como centralidad y era Jesús crucificado como salvador del mundo. Sabiendo ese misterio que Cristo trae consigo en la cruz, debemos vivir practicando y fundamentando nuestra vida en el amor, para conocer así también ese amor de Cristo, haciendo alusión a la cruz, de lo que pasó por nosotros. Pablo en la carta a los Efesios, habla de la cruz cósmica y san Agustín a partir de esos pasajes paulinos ha dado algunos aportes, afirmando que ello representa las dimensiones de la vida humana y que nos remite a la figura del mismo cristo crucificado.


La voz humana


Tanto la palabra como la voz humana tiene un papel importante, por ello se dice que es un gran logro el hecho que el pueblo pueda de verdad responderé con sus aclamaciones y no a través en algunas personas en las cuales se pone la confianza, y al lado de esta aclamación encontramos las diversas formas de recepción meditativa de la palabra, especialmente se enfatiza en el canto y el recitar de los Salmos y en los cánticos de otra clase los cuales se resaltan porque son de vital importancia en este estudio. Y aquí no sólo se habla del sonido y todo aquello que de alguna manera resuene en la liturgia, sino también del silencio, que de alguna manera hace parte de la liturgia, el canto y todas esas proclamaciones responde al Dios, pero el silencio trasciende cualquier palabra. En algunas reformas que se han hecho a la liturgia se le ha querido imponer dos breves silencios en la liturgia de los que tendría que brotar la respuesta oracional; uno de estos silencios sería tas la homilía, y en segundo lugar tas la recepción de la Eucaristía como una posibilidad de vuelta al interior. En algunos lugares se propone el ofertorio como tiempo de silencio. Existen entonces, otras ocasiones de silencio proporcionados por la propia liturgia que no interrumpen la acción litúrgica, sino que le son propias, es decir, esas oraciones que las hace el sacerdote en voz baja.


POSTURAS Y SIGNOS DENTRO DE LA LITURGIA


La liturgia es el acto donde nos unimos con Cristo; por eso dentro de ella debemos guardar unas posturas que nos van a ayudar a armonizar ese encuentro: El ponernos de rodillas es un signo de humildad, un reconocer que estamos frente a un ser superior a nosotros; en la antigüedad ese postrarse significaba reconocer una gran autoridad que tenia alguien; antes se rendía un homenaje a aquel que tuviera poder delante de la sociedad, y por tanto ese postrarse significa que se reconoce el poder que de alguien que es, mayor que uno en cuanto al rango. Dentro de nuestra liturgia nos postramos delante de aquel que creemos tiene poder en nuestra vida, delante del Dios que es amor, y ante Él nos reconocemos humildes y doblamos la rodilla para reconocer su amor y su bondad. El gesto de postrarse encierra un sentido muy profundo, y está cargado de una riqueza espiritual, ya que en ese acto nos asemejamos a Jesús, pero cuando se pierde ese sentido y ese fin, todo termina siendo algo corporal que no tiene ningún sentido y que sería mera apariencia. El doblar nuestras rodillas tiene que ver con el inclinarnos ante nuestro Dios, el reconocer su poder y señorío, del cual proviene todo lo que existe. El permanecer de pie y sentarse es muy común dentro de nuestra liturgia, y tiene un significado de escucha y atención, pero también de reverencia. Desde el antiguo testamento estar de pie es una postura clásica de oración, y es por eso que en la biblia cada momento se nos muestra al pueblo de pie orándole al Señor, como en el caso de Ana la mama de Samuel que le oraba de pie al Señor; y en el tiempo de Jesús el orar de pie era la postura acostumbrada. El permanecer de pie es el gesto del vencedor y por eso cuando escuchamos el evangelio lo hacemos de pie para reconocer que en el vemos a Jesús el vencedor del pecado. En la liturgia se da la posición de estar sentados durante las lecturas y esto para que el cuerpo este relajado y así pueda prosperar el mensaje transmitido en el evangelio. Cuando queremos buscar un sentido de los gestos, es necesario tener en cuenta su origen y su fin, y por eso es que nuestra liturgia le ha ido dando un significado especial a cada uno de los gestos.


realizado por: Yasid Salas Restrepo; jovanny Correa Serna

4 comentarios:

  1. Muy bien compañeros por su infrome, que reslata la importancia y el significado de nuestra participacion en la Liturgia a través de signos como la cruz, y nuestra respuesta en las posturas, y la voz entre otras que nos acercan a una realidad trascendental

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  2. Hola muchachos.

    Vale la pena destacar nuestra unidad substancial y bajo esta perspectiva, reconocer la importancia de una oración-liturgia abarcante de todo nuestro ser. La liturgia debe convertirse en una experiencia que trascienda y atraviese toda nuestra realidad óntica. Es por esto que aspectos como la participación activa, la oración corporal, los gestos y posturas, el uso adecuado de la voz, de las palabras, en las acciones litúrgicas, tal y como lo contemplan en su informe, son elementos que se orientan a la transformación de nuestra existencia de modo pleno y radical.

    ¿Es necesario aprender a orar con el cuerpo? ¿Cuál es la importancia de intercomunicar nuestras palabras con nuestros gestos y posturas en el ámbito litúrgico?

    Éxitos....

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  3. Hola muchachos, es muy significativo el tema que ustedes trataron, y la forma como lo desarrollaron. Pues en él, encontramos que en la liturgia todo nuestro ser está realizando la acción más importante que es: la oración. ¿Pero, cómo lograr que con todo nuestro ser podamos realizar una verdadera oración, sin caer en acctos meramente exteriores? Es uns pregunta que es muy fundamental, y que se puede responder después de leer el contenido de su informe.

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  4. Yasid y Giovanni: es importante que la liturgia, tiene sus momentos de participación, posturas y signos, que nos permiten tener una mejor vivencia de lo que estamos celebrando, a través del culto y de la eucaristía. Dentro del informe el autor nos muestra la importancia de la oración dentro de las acciones litúrgicas, como el momento preciso de comunicación con Dios.
    Resalto de su informe la importancia del silencio dentro de las celebraciones, ya que en el silencio reconocemos y encontramos la grandeza y la riqueza de Dios. Es importante que tengamos en cuenta estos aportes del informe, para el día de mañana, ponerlos en práctica y enseñarlo a las comunidades, a las cuales les debemos enseñar como verdaderamente vivir nuestra fe a través de la participación de las acciones litúrgicas.
    Felicidades.

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