lunes, 28 de marzo de 2011


LA LITURGIA EN EL TRASCURSO DE LA HISTORIA

La palabra liturgia es la que más se utiliza al momento de referirse a la función santificadora de la Iglesia, más éste término ha tenido una prehistoria y ha conocido una interesante evolución en su uso y significado, ya que ella no nació organizada, sino que a través del tiempo se formó y configuró, pero lentamente. Empecemos hablando de los Orígenes (ss. I-IV), correspondiente también a esos orígenes del cristianismo en ese ambiente judío y toda esa expansión que vivió en el mundo grecorromano. Entonces es de resaltar que los primeros cristianos tenían sus propias celebraciones, y aunque frecuentaban el templo y observaron la ley, para ellos lo que sobresalía era el bautismo y la fracción del pan. Los siglos II y III son ese tiempo correspondiente a esos comienzos del catecumenado, la configuración del bautismo y la eucaristía, entre muchos otros. Es en esta época donde la oración obtiene una reorganización tomando en cuenta las horas del día y las vigilias nocturnas. Por otro lado, podemos ver que todas esas tradiciones litúrgicas primitivas siguió una transformación dentro de las comunidades apostólicas; ahora no debemos olvidar que lo que caracteriza a esa primera etapa de la liturgia cristiana es una gran libertad, en cuanto a esa apropiación y creación de las formas cultuales. Encontramos aquí la espiritualización del culto, frente al legalismo judío al principio y frente al ritualismo pagano después. Mirando ya los ss IV.VI, encontramos dentro de ellos el edicto del Milán, el cual produjo una situación nueva en la liturgia; en este concilio fue donde el domingo se declaró como día festivo, luego se estructura el año litúrgico en fiestas y periodos en concordancia con el círculo anual. Ésta época representa una expansión y un enriquecimiento de la liturgia; a raíz de esto, las Iglesias locales ven a la liturgia romana como la expresión de la Iglesia que tiene la primacía de la Sede Apostólica. En los ss VI-XI, vemos esa extensión de los libros litúrgicos por toda la cristiandad de la mano de los monjes y peregrinos o solicitados por la corte de Aquisgrán. Vemos también en esta época la fusión de los ritos y textos romanos y de procedencia galicana, apareciendo así los leccionarios y antifonarios, etc. Ésta etapa es considera como un periodo de fijación y compilación, pero no fue una época estéril. Ya en los ss XI-XIV, se produce una unificación litúrgica, en cuanto a esa liturgia romana y la supresión de la liturgia hispánica. Los libros que eran de uso exclusivo de la curia Romana los dieron a conocer a toda Europa por los franciscanos. En todo este periodo podemos ver también ese otoño de la Edad Media para la liturgia latina; todas esas órdenes mendicantes mostraron una manera de ver el misterio de la salvación cerca a los hombres, centrada en Cristo y en su vida eterna. Y si seguimos mirando nos encontramos con los ss XV-XIX, en donde las misas eran transformadas en meditación, se vive al reforma protestante, la cual ataca las misas privadas, la comunión con una sola especie, los sufragios por delitos y el sentido sacrificial de las misas. También en esta época se da, de una manera muy ágil, la revisión del Misal y del Breviario; luego un momento que exaltará la liturgia católica será la época del Barroco y se miró la necesidad de una acción pastoral encaminada a acercar la liturgia a los fieles. Ya en el siglo XX, ese movimiento litúrgico adopta un estilo todavía más eclesial y pastoral, impulsado por Pio X, y lo principal en este movimiento fue la fundación teológica de la pastoral litúrgica, paralelamente al movimiento bíblico y a la nueva orientación que adoptó la eclesiología. Y muchos otros cambios que vemos en nuestra liturgia hoy en día, y sin dejar de una lado los que vendrán al cambiar el tiempo, al cambiar los paradigmas de la sociedad.

domingo, 27 de marzo de 2011


EL CUERPO Y LA LITURGIA

Participación activa:

En el vaticano II, al igual que en el catecismo de la Iglesia católica, se invita a todo el pueblo de Dios a participar de lleno de la liturgia. Ahora se debe tener en cuenta que la acción litúrgica es un acto por antonomasia, es la oratio, es esa gran plegaria que constituye el núcleo de la Eucaristía; por tanto, no debemos olvidar que la palabra humana se dirige a Dios, allí que se insista en el sentido que tiene la oración para nuestra formación, puesto que ello es un encuentro íntimo con Dios. Dentro de la acción litúrgica no debemos perder de vista el elemento central, es decir, esa anáfora Eucarística, que se nos muestra en el momento que el sacerdote pone en sus labios las palabras del señor, o sea ese canon que es action. Y al designar la Eucaristía como oratio, se cambia toda esa mentalidad para los paganos e intelectuales que encuentran una respuesta al darse cuenta que no era necesario el sacrificar animales, sino que ahora el ofrecimiento será la palabra y el sacrificio. Todo lo existente y nosotros como creación que somos, estaremos siempre esperando la actuación de Dios, quien se verifica a través de la acción de los hombres, como en la Eucaristía, Dios se vale de un hombre para convertir ese pan en su cuerpo y el vino en su sangre; por tanto debemos ver en la figura de los hombres que Dios escoge la figura del mismo Dios quien se quiere dar a través de él. Con todo lo anterior no se puede desconocer que en la liturgia cristiana es Dios mismo quien actúa tanto que se hace accesible para llegar a una comunión personal con él. Y es gracias al sacramento que nuestra oración y diálogo con Jesucristo, núcleo de nuestra oración, puede ser efectiva y es sin duda alguna escuchada por él, enfatizando así en el verdadero valor que tienen los sacramentos en nosotros como personas que vivimos como cristianos. Ahora en cuanto a la unión de ese Dios con nosotros, se busca sólo una cosa, que se dé una sola acción, es decir, la de nosotros con él y la él con nosotros, para poder llegar a ser con él un solo cuerpo y un solo espíritu. Y ya mirando otro punto de vista en cuanto a la acción litúrgica, se debe no caer en el error de realizar las acciones exteriores y perder el verdadero sentido que tiene la acción esencial dentro de la celebración que es la oratio; entonces sabiendo del peligro en que se puede caer, no se debe multiplicar esas acciones artificiales, ya que nuestra celebración tomaría un tinte como de teodrama y se podría ver o convertir en una simple parodia y no realmente como quiere que la vea el señor. Todo esos errores que comentos consiente o inconscientemente nos lleva a preguntarnos sobre qué es lo más importante en la liturgia, porque en ocasiones nos quedamos sólo en las acciones exteriores y le quitamos el valor que requiere lo esencial. Y siguiendo con lo esencial no podemos perder o desconocer la figura del resucitado, que se nos entrega como corporeidad verdadera bajo los signos del pan y del vino, por ello podemos decir que vivimos para el logos en la corporeidad de nuestra existencia cotidiana. Retomando las acciones litúrgicas, se debe anotar que allí es Dios el que siempre actúa, por ello la insistencia en la importancia de hacer siempre la voluntad de Dios, tratar de no ir en contra de sus mandatos, porque ahí está el cielo y la tierra se convierte en el paraíso. Siguiendo ese camino cristiano no debemos obviar que para adquirir una comunión perfecta con Dios, debemos vivir la encarnación y también transformar nuestra voluntad, cambiando nuestro estilo de vida que no van con lo que Dios nos propone y seguir ese camino de fe que nos conduzca a la autentica felicidad.


La señal de la cruz


Esa realización de la cruz es y seguirá siendo ese gesto característico del cristiano, es una expresión corporal que representa el aceptar a Cristo, como el que sufrió por nosotros y todo lo gobierna. Esta señal no es más que una confesión de la fe. Cuando la hago en mí doy fe de creer en el que murió, pero que resucitó. La realización de esa cruz nos coloca bajo la protección y nos ayuda en las dificultades y nos guía en el caminar diario. Por tanto, el trazar la señal de la cruz es una reactualización logrando así que Dios deje de ser desconocido para nosotros y él a nosotros nos dé un nombre. Por tanto, la realización de la señal de la cruz nos vincula a la confesión en Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo; y es aquí donde se halla contenido el ser entero del cristianismo. La ejecución de muchas investigaciones da evidencia de la utilización d este signo, y de esto algo nos muestra también el libro de Ezequiel 9,4 ss, en el que Dios manda a su mensajero pasar por Jerusalén y escribir la palabra “tau” en la frente de los acongojados y los que sufrían. Es interesante toda esa reflexión teológica que el texto nos muestra en cuanto al preanuncio que se nos muestra en el Antiguo Testamento sobre el signo salvífico en forma de cruz, que será después esa cruz que cargará Jesucristo para salvarnos y perdonar nuestros pecados. Después de los aportes recibidos sobre el signo salvífico de algunos filósofos y personas interesadas en el tema, aparece la figura de san Justino, quien relacionó una visión de Plantón, en la que se dibujaba la cruz sobre el cosmos con el Dios trino y su acción salvífica en Jesucristo. Ahora esa cruz alzada en el Gólgota es proyectó en la misma estructura del cosmos, ya que el cosmos nos habla de la cruz y de algún modo esa cruz descifra el misterio del cosmos; con todo lo anterior se nos indica sin duda una clave de intelección de toda la realidad. Los santos padres de la Iglesia, desde Justino, argumentan teológicamente sobre toda esa profecía de la cruz, cada uno desde su punto de vista, pero todos centrado en el gran misterio que esas profecías tenían como centralidad y era Jesús crucificado como salvador del mundo. Sabiendo ese misterio que Cristo trae consigo en la cruz, debemos vivir practicando y fundamentando nuestra vida en el amor, para conocer así también ese amor de Cristo, haciendo alusión a la cruz, de lo que pasó por nosotros. Pablo en la carta a los Efesios, habla de la cruz cósmica y san Agustín a partir de esos pasajes paulinos ha dado algunos aportes, afirmando que ello representa las dimensiones de la vida humana y que nos remite a la figura del mismo cristo crucificado.


La voz humana


Tanto la palabra como la voz humana tiene un papel importante, por ello se dice que es un gran logro el hecho que el pueblo pueda de verdad responderé con sus aclamaciones y no a través en algunas personas en las cuales se pone la confianza, y al lado de esta aclamación encontramos las diversas formas de recepción meditativa de la palabra, especialmente se enfatiza en el canto y el recitar de los Salmos y en los cánticos de otra clase los cuales se resaltan porque son de vital importancia en este estudio. Y aquí no sólo se habla del sonido y todo aquello que de alguna manera resuene en la liturgia, sino también del silencio, que de alguna manera hace parte de la liturgia, el canto y todas esas proclamaciones responde al Dios, pero el silencio trasciende cualquier palabra. En algunas reformas que se han hecho a la liturgia se le ha querido imponer dos breves silencios en la liturgia de los que tendría que brotar la respuesta oracional; uno de estos silencios sería tas la homilía, y en segundo lugar tas la recepción de la Eucaristía como una posibilidad de vuelta al interior. En algunos lugares se propone el ofertorio como tiempo de silencio. Existen entonces, otras ocasiones de silencio proporcionados por la propia liturgia que no interrumpen la acción litúrgica, sino que le son propias, es decir, esas oraciones que las hace el sacerdote en voz baja.


POSTURAS Y SIGNOS DENTRO DE LA LITURGIA


La liturgia es el acto donde nos unimos con Cristo; por eso dentro de ella debemos guardar unas posturas que nos van a ayudar a armonizar ese encuentro: El ponernos de rodillas es un signo de humildad, un reconocer que estamos frente a un ser superior a nosotros; en la antigüedad ese postrarse significaba reconocer una gran autoridad que tenia alguien; antes se rendía un homenaje a aquel que tuviera poder delante de la sociedad, y por tanto ese postrarse significa que se reconoce el poder que de alguien que es, mayor que uno en cuanto al rango. Dentro de nuestra liturgia nos postramos delante de aquel que creemos tiene poder en nuestra vida, delante del Dios que es amor, y ante Él nos reconocemos humildes y doblamos la rodilla para reconocer su amor y su bondad. El gesto de postrarse encierra un sentido muy profundo, y está cargado de una riqueza espiritual, ya que en ese acto nos asemejamos a Jesús, pero cuando se pierde ese sentido y ese fin, todo termina siendo algo corporal que no tiene ningún sentido y que sería mera apariencia. El doblar nuestras rodillas tiene que ver con el inclinarnos ante nuestro Dios, el reconocer su poder y señorío, del cual proviene todo lo que existe. El permanecer de pie y sentarse es muy común dentro de nuestra liturgia, y tiene un significado de escucha y atención, pero también de reverencia. Desde el antiguo testamento estar de pie es una postura clásica de oración, y es por eso que en la biblia cada momento se nos muestra al pueblo de pie orándole al Señor, como en el caso de Ana la mama de Samuel que le oraba de pie al Señor; y en el tiempo de Jesús el orar de pie era la postura acostumbrada. El permanecer de pie es el gesto del vencedor y por eso cuando escuchamos el evangelio lo hacemos de pie para reconocer que en el vemos a Jesús el vencedor del pecado. En la liturgia se da la posición de estar sentados durante las lecturas y esto para que el cuerpo este relajado y así pueda prosperar el mensaje transmitido en el evangelio. Cuando queremos buscar un sentido de los gestos, es necesario tener en cuenta su origen y su fin, y por eso es que nuestra liturgia le ha ido dando un significado especial a cada uno de los gestos.


realizado por: Yasid Salas Restrepo; jovanny Correa Serna

lunes, 21 de marzo de 2011

El Altar y la Orientación litúrgica

EL ALTAR Y LA ORIENTACIÓN DENTRO DE LA LITURGIA

Ese pase de sinagoga por obra del culto cristiano demuestra la continuidad y novedad en cuanto a la relación Nuevo y Antiguo testamento, y es de notar que todas estas evoluciones fueron, ante todo. Necesarias. Se buscó luego un lugar propicio para la celebración del Bautismo, el sacramento de la penitencia fue algo progresivo y se empezó a vivir la piedad popular. No debemos obviar que la elaboración del edificio cultual también requería importancia.
El texto nos muestra algo de las diferencias religiosas de Oriente y Occidente en cuanto al vestir y la concepción de tienen de Dios. Ahora podemos ver el altar como un lugar importante dentro del templo, por ello se le da tanta importancia a su ubicación, tanto que antes se celebraba de espaldas al pueblo, y luego el celebrante se ubicó detrás del altar para quedar frente al pueblo, lo cual, implicaba una nueva concepción litúrgica, es decir, como ese banquete compartido por la comunidad. Ahora, ese banquete no puede ser entendido como una simple comida, sino en comida como los judíos pero con sentido pascua; a partir de esto la Eucaristía comenzó a remitirse a la cruz, dándose así la transformación del sacrificio del Templo en un culto acorde con el Logos.
Podemos notar que el hecho de que el sacerdote esté siempre de cara al pueblo, logra que la comunidad vaya siendo un círculo cerrado, es decir, se encierra en sí misma.
Lugares sagrados
Significado de los templos

La concepción de templo en tiempos anteriores era totalmente distinta en cuanto a la funcionalidad que tiene hoy. No debemos ser ajenos a saber que este espacio ayuda a que la celebración litúrgica se ejerza como actividad sagrada. Luego con el tiempo la estructura como tal se convirtió para los cristianos como casa donde se congregan los hijos de Dios.
El culto convoca y llama a los que se congregan para el compartir de la palabra de Dios, buscando realizar esa alianza entre Dios y su pueblo. Ahora siguendo con algunas apreciaciones con respecto al templo, veamos que E. L. Sukenik, Louis Bouyer lo catalogó como casa cristiana consagrada al servicio divino. Por otra parte, debemos tener claro que la liturgia cristiana no se ha de entender como una simple continuación de la sinagoga, sino como esa actividad que involucra al templo.
Se ha de resaltar la importancia del rabbí, quien hace presente la palabra de Dios, es quien dirige su mirada al Arca de la Alianza, a ese cofre de la Thorá. El Arca poseía una importancia religiosa muy grande, puesto que era entendida como esa nube de Dios, por ello, al desaparecer con el Exilio, se empieza hablar del cofre de la Thorá, el cual guardaba un poco esa presencia de Dios; y como el templo material ya no significaba nada a los cristianos, enfocan su mirada al Este, no como signo de adoración al sol, sino como de reconocimiento de la presencia de Dios en el cosmos, tanto que se convirtió en una tradición apostólica.
Podemos resaltar otro cambio e cuanto a las trasformaciones de las sinagogas, ya no se hablará de la Thorá, sino de los evangelios, tampoco se seguirá cubriendo con un velo el altar, sino que nace el iconostasio de las iglesias de Oriente; también se ha de resaltar el paso de la cátedra de Moisés a la cátedra del obispo.
Y al hablar de liturgia podemos decir que no es más que dar una mirada a Cristo y que ésta se debe entender desde dos espacios, uno la liturgia de la Palabra y otro liturgia la Eucarística.

miércoles, 2 de marzo de 2011

DEL ANTIGUO AL NUEVO TESTAMENTO

Configuración de la liturgia cristiana a partir de la fe bíblica

Con la intención de pacificar era que los cultos se realizaban. Es necesario tener en cuenta la manera como el texto nos muestra la consideración especial que se le tiene al culto, puesto que éste se tiene como un estrechamiento de lazos a través de la expiación del pecado. El culto es visto como ese puente que ayuda al hombre a superar el pecado y volver a una vida ordenada y con bases en la rectitud.
La realización de los cultos anteriormente tenía muchas cosas que hoy en día no se consideran necesarias o que está fuera del ámbito moral, es decir, sobre pasa el sentido de la realización del mismo como son el ofrecimiento como sacrificio a las mismas personas.

en el pueblo de Israel la liturgia consistía en sus receptores, aunque en otros casos de religiones pueden tomar a potencias con cargos intermedios. Y todo esto con la concepción de que a Dios no le bastan los sacrificios sino que corresponde abandonar el culto.
Si nos ponemos hacer un acercamiento a la historia del culto de Israel, se tropieza con una segunda particularidad, que lleva sus consecuencias hasta Jesucristo hablando entonces del nuevo testamento. Con esto se resalta entonces la conexión existente entre el nuevo testamento y el antiguo; es el nuevo testamento que facilita al antiguo.

En el nuevo testamento vemos que en centro de su vida espiritual era el templo, en él realizaban los diferentes sacrificios, pero en cuanto a este tema del sacrificios vemos como en los dos testamentos los escritores tienen una concepción o una trascendencia similar, por ejemplo, Oseas se nos dice: “Prefiero fidelidad de la Alianza a las víctimas del sacrificio; el conocimiento de Dios me resulta más grato que los holocaustos” y ya en el nuevo testamento el mismo Jesús nos dirá “Misericordia quiero, no sacrificios”. Estas palabras fueron pronunciadas, a mi parecer, por la necesidad que tenía su autor de hacer diferenciar a las personas el verdadero sentido del culto, los cuales no lo realizaban con la intención que este implicaba o porque se quería cambiar esa idea de sacrificio por algo más concreto y que el hombre pudiera practicar, algo agradable a Dios.

Ahora debemos pasar de un templo material a uno espiritual, y es donde cabe hablar de la transitoriedad del templo, el mismo Jesús hizo alusión a ello al hablar de la destrucción del templo y su reconstrucción al tercer día, hablando de su cuerpo, el cual, moría pero resucitaba y no como del templo físico como lo entendieron en aquella ocasión. Con todo este análisis podemos deducir que las todas esas enseñanzas de Jesús, tuvieron tanta fuerza que hicieron cambiar el sentido que se tenía del sacrificio.

martes, 1 de marzo de 2011

Liturgia, Cosmos, Historia

Primeramente el texto nos habla de dos orientaciones que se presentan del culto; la primera una orientación cósmica, la cual, es planteada por las religiones naturales y las no teístas y la histórica dada en el Antiguo testamento y en el cristianismo. Estos dos puntos de vista nos adentran a tener una visión más amplia con respecto al culto, puesto que podemos apreciar la manera como las diferentes concepciones la definen. Así como se tiene un conocimiento variado de culto, también se tiene uno de liturgia, sólo que a éste, como es el caso del Islam y otras denominaciones, la relaciona dándole forma y presentación con la revelación dada en la historia.

Ahora al pensar en agradar a Dios desde la liturgia no podemos perder el sentido cósmicos que esta presenta, es decir, el hombre al existir para Dios, debe servir a todo el mundo puesto que todo, cuanto nos rodea tiene su centralidad en él. Toda esta parte cósmica tiene su punto de partida en el “Sabbat”, en el que se dice que es el día en que el ser humano y el cosmos descansa junto con Dios; entendiéndose así, según nos dice el texto, como el día en que el esclavo y su señor son iguales. Pero la centralidad del Sabbat, a mi parecer, es el poder extractar desde su interior esa esencia de la Alianza.

Ahora, la creación juega en todo esto un papel muy importante, puesto que para hablar de la Alianza, ésta no se puede obviar ya que esta es la misma Alianza es sin duda el propósito de Dios con la creación, la cual nos muestra todo un episodio fraternal entre Dios y el hombre. Dando así por dicho que la finalidad de la creación fue y será siempre el de ofrecimiento de adoración a Dios.
Podemos tomar, entre todas las figuras que reflejan esa adoración y cumplimiento de las promesas de Dios a Moisés, de quien sabemos, realizó lo que el señor le había ordenado que hiciese.

Dentro de todo lo que abarca el culto, cabe resaltar 3 dimensiones en las cuales éste tiene que ver y son: la personal, la social y la universal; el culto por tener ese aspecto cósmico abarca sin duda a todo el universo partiendo de lo personal, es decir, del hombre como tal, por ello pienso que el hombre dentro de culto o acciones con sentido de adoración a Dios, no debe olvidar a toda la creación puesto que es la misma obra del creador reflejada allí.

El culto siempre debe mostrar su esencia, es decir, ese sacrificio que asume en sí el momento de la salvación, de la trasfiguración de la libertad llevando así a esa reconciliación que tanto anhela con Dios. Por otro lado, al hablar del círculo cósmico e histórico podemos decir que aunque cada uno posee diferencias, constituyen un único círculo de ser.